jueves, 23 de mayo de 2013

La persistencia del Genio (celulosa blanda)


Señoras y señores diputados, gentuza de la oposición, sinvergüenzas todos: ¡Les pido que den la bienvenida,  please welcome, al exuberante, controvertido y siempre genial Salvador Dalí!

 El lector, como es tan suyo, en seguida preguntará: «Vamos por partes, ¿Salvador quién?». Y lo hará como dando a entender que Dalí poco tiene que ver con este blog y sus seguidores, si es que los hubiere. Y tampoco es eso, que últimamente estamos de un culto que tiramos de espaldas. Ciertamente, Salvador Dalí no es otra cosa que el pintor más universal (después de Velázquez, of course) que ha dado este país nuestro. Sin embargo -y he aquí la madre del cordero- también es un escritor excepcional al que redescubrir y como siempre, reivindicar. No digo que sea un Cela o un Baroja. Antes bien se acerca en la comparación a un Sánchez Dragó en lo barroco y a alguien como Juan de Mena en lo lírico. Y siempre, siempre, siempre a Dalí en lo megalomaníaco. Vale.

Esto es España, donde no es fácil ser aceptado por el común. Tener la consideración del respetable es algo grande. Y, por eso mismo, rara avis in terra, que dicen los cursis. Dalí pintor y personaje estrambótico ha gozado (y goza aún en el recuerdo) del favor del pueblo. Sólo hay que asomarse a la exposición vigente del Reina Sofía. No ha sido preciso que la propaganda exhaustiva y manipuladora incitase al reconocimiento incluso afectivo de este personaje. Antes bien, la adhesión vino rodada, espontánea, inevitable. Con simpatía, como si dijésemos.

Y para todos éstos, y también para los de más allá, hay que revelar al Dalí literato: culto, obsesivo, místico, físico y carnal, al que se le entiende todo. Tal es la gran virtud que los que juntamos palabras por divertimento valoramos tanto.
Si lo más profundo que han leído últimamente son los mensajes del whatsapp, les propongo la lectura de La vida secreta de Salvador Dalí (a ser posible que no sea de Dasa Edicions, por cutre y tercermundista) para alcanzar a conocer al genio total. Al obsesionado con la perfección arrebatadora del arte, al atribulado adolescente asexuado, al ególatra que se barniza el cabello, al treintañero largo que se sabe tocado por la chispa de la genialidad y alardea de ello porque tiene derecho a ser oído y quiere ser oído.

Disfrutarán con el libro. Se lo aseguro. Descubrirán facetas y detalles de alto valor literario que les sorprenderán. Y llegarán a la conclusión de que no hay nada mejor que ser uno mismo. Dalí, mal que le pese a alguno, siempre fue él mismo y todas sus circunstancias. Algo tan tonto como ser irrepetible.


2 comentarios:

  1. Lo ignoro, señor McCoy. Pero este libro en cuestión es de los que se deja acariciar el lomo, como un perrico. O sea.

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