viernes, 30 de julio de 2010

Confianza ciega. Y negra.


Esto ocurrió hace mucho, mucho tiempo. Pero la galaxia no es tan lejana como podríamos suponer. Fue cuando la ley seca norteamericana fabricaba millonarios en forma de gánsteres y demás gentuza. El destino hizo que entre los criminales de carrera surgiera un asesino perfecto con cuerpo de mujer. Y a pocos pasos de ella, su némesis. Y entonces se cocinó el infierno.

Esto es, en pocas palabras, Daredevil Noir. Quizá la mejor entrega de todo el universo alternativo entreverado de pulp y cine negro de los superhéroes Marvel. Según la prescindible página de biografía de autores (lo digo con conocimiento de causa: en mi época de articulista en PdA tuve que escribir muchas, casi siempre como relleno para cuadrar páginas) el guionista, Alexander Irvine, es un escritor norteamericano cuya obra reconocida comienza en 1999 con el ensayo Towing Jehovah: Atheism, Orthodoxy, and Genre y que en la actualidad escribe libros (principalmente de ciencia ficción), comics y otras cosas relacionadas, además de ejercer como docente en la Universidad de Maine . Viva la wikipedia. La historia que pergeña en este DDN está repleta de clichés y tipismos de la novela negra, pero la propia existencia del género está circunscrita a esas mismas peculiaridades que devienen en norma. Así, tenemos engaños y enfrentamientos entre mafiosos, mucho poli muerto, boxeadores y tongos, un astroso detective privado y una femme fatale realmente mortífera. Añádanle un vigilante justiciero y la trama está completa. Dentro de este compendio no hay nada que resulte lento. Ni las escenas repletas de diálogo, tediosas en otras ocasiones. Los personajes tienen vida y pensamientos propios, y eso siempre es de agradecer.

El apartado gráfico corresponde a Tomm Coker (mal escrito en la página biográfica, por cierto), quien retrata de manera realista, excepcional, dramática, las vicisitudes del hombre sin miedo y del resto de personajes. También, wikipedia dixit, se nos informa machaconamente de que Coker es director de cine. De verdad, lo que menos importa en este número es que lo sea. A poco que se bucee en su filmografía encontramos Catacombs (titulada en España Muertos vivientes, porque aquí -ya saben- somos más chulos que nadie), y créanme si les digo que se me ocurren mejores formas de malgastar dos horas de reloj. Por eso veo poca relevancia al hecho de que reseñen lo de su cinematografía. Porque no lo dicen por justificar los encuadres que utiliza o cómo planifica las páginas, sino por relleno. Almas de cántaro: Hay ciertas cosas que, como el honor en la mili, más vale suponer. Lo que importa es que este DDN tiene viñetas antológicas, extraordinariamente dibujadas con saturación de contrastes propios del mejor Sienkiewicz, ayudándose de un pincel tan sucio como el pecado y la sabia utilización de tramas mecánicas opresivas, que casi obligan a su reproducción en blanco y negro (hubiese sido lo más coherente con la serie).

Casi pienso que no merece la pena destripar los puntos flojos de este tebeo, porque en conjunto resulta bastante resultón y agradable de leer. Aunque no puedo por menos que señalar con el dedo que nada se dice del origen de los poderes de Murdock (salvo que los ladrillos donde se golpea la cabeza sean radiactivos), que antes de erigirse en el vigilante protector Daredevil se dedicase al vodevil con el mismo nombre (¿dónde queda, entonces, la identidad secreta? y si no le importa mantenerla, ¿por qué disfrazarse?) o que el escritor tenga fijación por los términos hielo y agua como símbolos de dualidad, cuando en realidad son la misma cosa. En cuanto al dibujo, quizá el diseño de la máscara de Daredevil, con esos cuernos sobresalientes, no sea el más adecuado para alguien que se dedica a ulular por los tejados y dar saltos mortales, haciendo alarde de agilidad superhumana. Y hay una cosa que salta obligatoriamente a la vista: Una vez más el editor escoge para el tomo una de las peores portadas posibles, entre oficiales y alternativas.

Abreviando: DDN nos muestra una vida del superhéroe en tiempos oscuros, una vida que declina con toda la dignidad del mundo. Aunque sea a hostias.

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