viernes, 9 de julio de 2010

Lo que viene siendo una presentación


Apreciado y sufrido lector: Con el permiso (forzado, of course) de la autoridad competente, me vuelvo a echar al monte de mi derecho a opinar y/o -táchese lo que no proceda- criticar lo que me parezca conveniente. Y lo hago de forma electrónica porque los fanzines fotocopiados (mis Mea Culpa y No Me Jodas, Pérez, ejemplo) han pasado a la historia. Hoy, ahora, o editas y publicas en cuché o no eres nadie. Y como ni dispongo de posibles para semejantes lujos ni creo que el personal esté por la labor de comprarlos, en vez de protestar, me subo al carro de la tecnología.

Nunca he presumido de ser certero en mis pareceres, conocer la verdad absoluta o, incluso, tener buen gusto. Carezco de doctorado en comics y mi palabra nunca ha sido ley. Pero cualquiera que me conozca sabe muy bien que me caracterizo por decir lo que pienso, pensar lo que digo y, además, hacerlo sin faltas de ortografía. Además, he participado lo suficiente del proceso creativo del comic –y también del destructivo- como para tomarme en serio mis propias palabras. Con ello pretendo divulgar, con más o menos malicia, que este humilde servidor de ustedes se siente justo y a veces hasta necesario en la difícil tarea de la crítica.

No soy de los que disparan sin apuntar, que los hay. Los opinadores ya no somos lo que éramos. Desde que Cuadrado publicitó a todos los aires las virtudes y defectos de los que hablamos del resto, la gente nos considera aún peor, si cabe.

Si este blog mío se atiene o no a las reglas de la urbanidad, de lo cultural y políticamente correcto, es algo que no me compete. Ya me juzgará la jerarquía eclesiástica, los educadores para la ciudadanía y aquellos sumos sacerdotes del tebeo que sientan cátedra, aún sin haber hecho jamás la “o” con un canuto.

Agradecido por la atención que de seguro me habrá dispensado el aficionado, se despide de ustedes, abriendo la veda, éste que lo es.

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